El pasado viernes, el Iberostar Canarias, realizó el peor encuentro que le hayamos visto, perdiendo ante el Melilla por 77-63. Y para refrendar esta afirmación no sólo están las estadísticas, de un equipo que dejó buena parte de la tensión en el vestuario, sino también, las imágenes que pudimos presenciar a través de la retrasmisión en FEBtv.
Es sintomático, que cuando las cosas van mal, y cuando se debería jugar más en equipo, preferimos el ataque como solución, dejando la defensa en un tercer plano. Sirva como ejemplo, que el conseguir 16 puntos, no es sinónimo de hacerlo bien, cuando se ha estado realizando "la guerra por su cuenta". Todo esto es producto de una euforia que había que dosificar, y que reduce el nivel de tensión, y que entendemos dada la situación clasificatoria. Pero, no podemos permitirnos el lujo de perder la concentración ni la tensión.
La afición en estos momentos, contiene la respiración, sus ansias de cantar “el alirón” está coartada por las circunstancias, seguimos el ritmo que nos marca el equipo, saben que de los cinco encuentros que nos quedan hay que ganar dos, pero esto no depende de una afición que tiene el alma en vilo.
El resto, lo tiene que poner, ese equipo, ese gran equipo que se llama Iberostar Canarias, que ha deslumbrado a todos, que ostentó el mejor ataque de Europa, y el gran secreto del poder hacerlo se encuentra en la voluntad y no perder la tensión.
El objetivo que se ha convertido en legítimo para la afición, lo tenemos que asumir todos, y nos tenemos que dedicar sin reservas a él.
