Que el baloncesto es el segundo deporte más popular en
nuestro país es algo harto sabido por todos, pero detrás de esa gran fachada
que son las canchas, los mates, los directivos, etc, pocos son los aficionados
que conocen detalladamente los intrínsecos y recovecos estructurales que
permiten a un club deportivo continuar en la liga profesional como la ACB, y
pasa por transformase en Sociedad Anónima Deportiva, y que debemos manifestar no
compartimos ésta obligatoriedad de la ley, ya que su objetivo de responsabilidad
jurídica y económica para los clubes está por demostrar, y prueba de ello lo
tenemos muy cerca.
Quien marca las pautas de la conversión, legalmente
prevista, de los Clubes profesionales en Sociedades Anónimas Deportivas, es el
Consejo Superior de Deportes (CSD), previo acuerdo del Club, mediante Asamblea (27
de septiembre de 2012), en transformación en SAD (Sociedad Anónima Deportiva).
A partir, de ese momento, y haciendo un breve resumen, se
deberá presentarse solicitud, acto seguido la Comisión Mixta (Órgano del CSD), establecerá
la cifra de capital social.
Actualmente, nos encontramos en este punto, donde el Club,
recibió la comunicación (29 de enero de 2013) de la Comisión Mixta de
Transformación de Clubes en Sociedades Anónimas Deportivas, donde se “fijó”, “el
capital social mínimo con la cantidad de 2.020.873,19 €”. Capital, que deberá
estar completamente suscrito y desembolsado en el plazo de seis meses desde la fecha
de la notificación.
Si estimamos, que cada acción está en torno a los 60 €, y para
cubrir el capital mínimo (2.020.873,19 €), haría falta, aproximadamente 34.000
accionistas con una acción.
El “statu quo” es preocupante o al menos, así lo vemos
nosotros, sobre todo, por la situación de crisis económica por la que está pasando
nuestra sociedad. Además, si existían dos opciones, una era transformación en
SAD, sin más, y la otra, la de hacerse con las acciones del Tenerife
Baloncesto, ésta última, y si no hay nada que lo remedie queda descartada.
Por ello, no queda otra, que para cubrir el capital social,
tarea que se nos antoja muy difícil pero no imposible, la de buscar los recursos
entre las entidades públicas, empresas y aficionados.
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