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    marzo 05, 2013

    UN RETO LLAMADO SOCIEDAD ANÓNIMA DEPORTIVA


    Que el baloncesto es el segundo deporte más popular en nuestro país es algo harto sabido por todos, pero detrás de esa gran fachada que son las canchas, los mates, los directivos, etc, pocos son los aficionados que conocen detalladamente los intrínsecos y recovecos estructurales que permiten a un club deportivo continuar en la liga profesional como la ACB, y pasa por transformase en Sociedad Anónima Deportiva, y que debemos manifestar no compartimos ésta obligatoriedad de la ley, ya que su objetivo de responsabilidad jurídica y económica para los clubes está por demostrar, y prueba de ello lo tenemos muy cerca.
    Quien marca las pautas de la conversión, legalmente prevista, de los Clubes profesionales en Sociedades Anónimas Deportivas, es el Consejo Superior de Deportes (CSD), previo acuerdo del Club, mediante Asamblea (27 de septiembre de 2012), en transformación en SAD (Sociedad Anónima Deportiva).
    A partir, de ese momento, y haciendo un breve resumen, se deberá presentarse solicitud, acto seguido la Comisión Mixta (Órgano del CSD), establecerá la cifra de capital social.
    Actualmente, nos encontramos en este punto, donde el Club, recibió la comunicación (29 de enero de 2013) de la Comisión Mixta de Transformación de Clubes en Sociedades Anónimas Deportivas, donde se “fijó”, “el capital social mínimo con la cantidad de 2.020.873,19 €”. Capital, que deberá estar completamente suscrito y desembolsado en el plazo de seis meses desde la fecha de la notificación.
    Si estimamos, que cada acción está en torno a los 60 €, y para cubrir el capital mínimo (2.020.873,19 €), haría falta, aproximadamente 34.000 accionistas con una acción.
    El “statu quo” es preocupante o al menos, así lo vemos nosotros, sobre todo, por la situación de crisis económica por la que está pasando nuestra sociedad. Además, si existían dos opciones, una era transformación en SAD, sin más, y la otra, la de hacerse con las acciones del Tenerife Baloncesto, ésta última, y si no hay nada que lo remedie queda descartada.
    Por ello, no queda otra, que para cubrir el capital social, tarea que se nos antoja muy difícil pero no imposible, la de buscar los recursos entre las entidades públicas, empresas y aficionados.