Y todo ello cargando con una losa demoledora: 4/20 desde el triple. Un desacierto exterior impropio y demasiado severo para competir con comodidad ante un rival de semejante nivel. Cuando el perímetro se seca de esa manera, cada punto cuesta una barbaridad.
Pero este Canarias empieza a enseñar argumentos. TJ Bamba volvió a transmitir potencia, energía y personalidad; Vince Hunter, “El Martillo”, dejó muestras de su enorme capacidad física y agresividad, aunque todavía parece algo disperso (Debe mejorar en los lanzamientos del tiro libre) y necesitado de integrarse plenamente en los automatismos colectivos; y Kyle Guy volvió a demostrar que cuando encuentra una rendija hacia el aro posee una capacidad de penetración difícil de contener, y cuando calibre bien el punto de mira destrozará a más de un rival.
Y detrás de ellos, EL GRUPO. Porque probablemente esa fue la mejor noticia de la noche: con Ethan Happ ausente, problemas de faltas, un triple desaparecido y dieciséis puntos de desventaja, el Canarias jamás se entregó.
Fitipaldo dirigió, Shermadini castigó cerca del aro, Jaime Fernández aportó soluciones y el equipo endureció su defensa hasta convertir un partido que parecía escaparse en una batalla abierta: 71-74 a falta de tres minutos.
Después llegó el 9-0 definitivo y apareció Willy Hernangómez para cerrar la puerta.
Derrota en el marcador, sí. Pero este Canarias comienza a tener pulso, carácter y una identidad que se está construyendo a martillazos.
La pretemporada no reparte títulos. Construye equipos. Y este todavía tiene mucho que decir.
